Mural en Ondara «Ahogar las penas»
2021
“Ahogar las penas”: un mural que desnuda el alma a través del arte urbano en Ondara
El arte urbano tiene la capacidad única de colarse entre los muros cotidianos para lanzar mensajes poderosos, emocionales y universales. En este sentido, el mural “Ahogar las penas”, obra del artista Tardor Roselló, va más allá de lo visual para convertirse en un testimonio íntimo, valiente y punzante sobre la fragilidad humana y las sombras que a veces intentamos enterrar en silencio.
Ubicado en Ondara, este mural forma parte del recorrido de arte urbano que empieza a consolidarse en la Marina Alta como una herramienta de transformación social y cultural. La pieza no solo destaca por su factura técnica, sino también por el texto poético que lo acompaña, que funciona como una confesión cruda y emocional, revelando la dependencia emocional y física al alcohol como una forma errónea —y destructiva— de lidiar con el dolor.
El texto: una carta a una botella… y a uno mismo
El texto que acompaña a la obra se presenta como un monólogo interior, cargado de nostalgia, frustración y sinceridad desgarradora:
“Quería olvidarlo, pasar página, cambiarte lágrima por sonrisas, creí que me entendías, que me querías, estuviste cuando todos se fueron, me acompañastes en mis largas noches de insomnio, fuiste la única rubia que me hizo olvidar la morena, pero tu compañía me hacía daño, un exceso de ti me traía temblores, sudores y nauseas.
Quería ahogar las penas, y mientras yo me hundía tu me decías que seguirías a mi lado, pero lo tuyo no tiene mérito al fin y al cabo la botella siempre flota.”
Estas palabras, dirigidas a la figura simbólica del alcohol —la “rubia”—, describen una relación tóxica, una dependencia emocional disfrazada de consuelo. Es un relato reconocible para muchas personas: el intento de silenciar el dolor a través del consumo, que al principio parece ofrecer compañía y alivio, pero que más tarde se convierte en prisión.
La frase final remata con una imagen tan potente como triste:
“Quería ahogar las penas, y mientras yo me hundía tú me decías que seguirías a mi lado, pero lo tuyo no tiene mérito, al fin y al cabo la botella siempre flota.”
Con esta metáfora devastadora, el mural convierte el texto en una herramienta de concienciación social, tocando temas como la salud mental, la soledad, la dependencia y el autoengaño.
Una estética que refuerza el mensaje
Visualmente, el mural de Tardor complementa la narrativa con una imagen que encierra simbolismo, introspección y carga emocional. La figura representada, los tonos, el ambiente… todo está orientado a generar empatía y reflexión. No se trata de una obra decorativa, sino de una pieza de arte social, que denuncia silencios y visibiliza heridas.
La elección del muro, el tipo de letra manuscrita, y el impacto del texto en gran formato sobre un fondo urbano ayudan a que el espectador no solo mire, sino que se detenga, lea, interprete y sienta. Es una obra que interpela directamente a quien pasa frente a ella.
Muralismo que genera conversación: arte urbano como herramienta de cambio
Este tipo de obras son fundamentales porque abordan problemáticas comunes desde un lugar honesto, directo y sin filtros. Lejos de romanticizar la tristeza o la adicción, “Ahogar las penas” muestra con crudeza las consecuencias emocionales de buscar alivio en sustancias que terminan por agravar la herida.
En este sentido, el mural cumple con una de las funciones más valiosas del arte contemporáneo: crear conciencia, generar conversación y permitir que el arte se convierta en un espejo donde mirarse sin vergüenza. No es solo una historia personal: es también un grito colectivo.
Ondara: una localidad que apuesta por el arte con alma
Este mural se encuentra en Ondara, un municipio que ha comenzado a enriquecer su entorno urbano con propuestas culturales innovadoras. La inclusión de obras como la de Tardor en sus calles demuestra una apuesta clara por el arte como motor de transformación comunitaria.
Además, refuerza la idea de que el arte urbano no es solo una forma de embellecimiento, sino también un canal para hablar de lo que a veces cuesta nombrar: el duelo, la ansiedad, las adicciones, el abandono. Humaniza el espacio público, lo llena de alma y verdad.
Conclusión: cuando el arte callejero toca el corazón
“Ahogar las penas” no es solo un mural: es un testimonio de vida, una llamada a la conciencia y un acto de generosidad artística. A través de esta obra, Tardor Roselló demuestra que el arte urbano también puede ser un canal de sanación, de denuncia y de reflexión colectiva.
En una sola pared, esta pieza condensa una historia que podría ser la de cualquiera. Y eso es, precisamente, lo que convierte este mural en una obra tan poderosa: porque habla en voz alta de lo que muchos callan. Porque a veces, para poder salir a flote, hay que empezar por nombrar lo que nos hunde.
Cam. de la Llosa, 7, 03760 Ondara, Alicante
2021
Mural en Ondara «Ahogar las penas»
“Ahogar las penas”: un mural que desnuda el alma a través del arte urbano en Ondara
El arte urbano tiene la capacidad única de colarse entre los muros cotidianos para lanzar mensajes poderosos, emocionales y universales. En este sentido, el mural “Ahogar las penas”, obra del artista Tardor Roselló, va más allá de lo visual para convertirse en un testimonio íntimo, valiente y punzante sobre la fragilidad humana y las sombras que a veces intentamos enterrar en silencio.
Ubicado en Ondara, este mural forma parte del recorrido de arte urbano que empieza a consolidarse en la Marina Alta como una herramienta de transformación social y cultural. La pieza no solo destaca por su factura técnica, sino también por el texto poético que lo acompaña, que funciona como una confesión cruda y emocional, revelando la dependencia emocional y física al alcohol como una forma errónea —y destructiva— de lidiar con el dolor.
El texto: una carta a una botella… y a uno mismo
El texto que acompaña a la obra se presenta como un monólogo interior, cargado de nostalgia, frustración y sinceridad desgarradora:
“Quería olvidarlo, pasar página, cambiarte lágrima por sonrisas, creí que me entendías, que me querías, estuviste cuando todos se fueron, me acompañastes en mis largas noches de insomnio, fuiste la única rubia que me hizo olvidar la morena, pero tu compañía me hacía daño, un exceso de ti me traía temblores, sudores y nauseas.
Quería ahogar las penas, y mientras yo me hundía tu me decías que seguirías a mi lado, pero lo tuyo no tiene mérito al fin y al cabo la botella siempre flota.”
Estas palabras, dirigidas a la figura simbólica del alcohol —la “rubia”—, describen una relación tóxica, una dependencia emocional disfrazada de consuelo. Es un relato reconocible para muchas personas: el intento de silenciar el dolor a través del consumo, que al principio parece ofrecer compañía y alivio, pero que más tarde se convierte en prisión.
La frase final remata con una imagen tan potente como triste:
“Quería ahogar las penas, y mientras yo me hundía tú me decías que seguirías a mi lado, pero lo tuyo no tiene mérito, al fin y al cabo la botella siempre flota.”
Con esta metáfora devastadora, el mural convierte el texto en una herramienta de concienciación social, tocando temas como la salud mental, la soledad, la dependencia y el autoengaño.
Una estética que refuerza el mensaje
Visualmente, el mural de Tardor complementa la narrativa con una imagen que encierra simbolismo, introspección y carga emocional. La figura representada, los tonos, el ambiente… todo está orientado a generar empatía y reflexión. No se trata de una obra decorativa, sino de una pieza de arte social, que denuncia silencios y visibiliza heridas.
La elección del muro, el tipo de letra manuscrita, y el impacto del texto en gran formato sobre un fondo urbano ayudan a que el espectador no solo mire, sino que se detenga, lea, interprete y sienta. Es una obra que interpela directamente a quien pasa frente a ella.
Muralismo que genera conversación: arte urbano como herramienta de cambio
Este tipo de obras son fundamentales porque abordan problemáticas comunes desde un lugar honesto, directo y sin filtros. Lejos de romanticizar la tristeza o la adicción, “Ahogar las penas” muestra con crudeza las consecuencias emocionales de buscar alivio en sustancias que terminan por agravar la herida.
En este sentido, el mural cumple con una de las funciones más valiosas del arte contemporáneo: crear conciencia, generar conversación y permitir que el arte se convierta en un espejo donde mirarse sin vergüenza. No es solo una historia personal: es también un grito colectivo.
Ondara: una localidad que apuesta por el arte con alma
Este mural se encuentra en Ondara, un municipio que ha comenzado a enriquecer su entorno urbano con propuestas culturales innovadoras. La inclusión de obras como la de Tardor en sus calles demuestra una apuesta clara por el arte como motor de transformación comunitaria.
Además, refuerza la idea de que el arte urbano no es solo una forma de embellecimiento, sino también un canal para hablar de lo que a veces cuesta nombrar: el duelo, la ansiedad, las adicciones, el abandono. Humaniza el espacio público, lo llena de alma y verdad.
Conclusión: cuando el arte callejero toca el corazón
“Ahogar las penas” no es solo un mural: es un testimonio de vida, una llamada a la conciencia y un acto de generosidad artística. A través de esta obra, Tardor Roselló demuestra que el arte urbano también puede ser un canal de sanación, de denuncia y de reflexión colectiva.
En una sola pared, esta pieza condensa una historia que podría ser la de cualquiera. Y eso es, precisamente, lo que convierte este mural en una obra tan poderosa: porque habla en voz alta de lo que muchos callan. Porque a veces, para poder salir a flote, hay que empezar por nombrar lo que nos hunde.



